
Hace cinco años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró oficialmente el brote de COVID‑19 como una pandemia. Esa fecha quedará grabada en la historia por transformar vidas, negocios y economías en todo el mundo. Aunque las pandemias han alterado el curso de la historia humana antes, nunca una lo había hecho a una escala digital tan hiperconectada. Casi de la noche a la mañana, las plantillas se dispersaron de sus oficinas físicas, sustituidas por millones de hogares convertidos en espacios de trabajo conectados a través de cámaras web, auriculares y plataformas de colaboración.
El día que el mundo cambió
Cuando la OMS declaró la pandemia de COVID‑19, las ramificaciones fueron más allá de las advertencias sanitarias y las órdenes de confinamiento en todo el mundo. Para las empresas, tanto grandes como pequeñas, significó luchar para adaptarse a los mandatos de trabajo a distancia casi al instante. Muchas oficinas cerraron sus puertas en un momento, dejando a los líderes y empleados lidiando con nuevos desafíos: ¿Podrían continuar las operaciones diarias de manera efectiva si toda una organización estuviera a distancia? ¿Cómo podrían los equipos colaborar y comunicarse con una interrupción mínima? Y quizás lo más importante, ¿qué tecnologías se necesitarían para capacitar a los empleados que trabajan desde sus hogares?
El desafío inmediato era doble. En primer lugar, existía una enorme necesidad de plataformas de comunicación seguras y fiables para reproducir lo más fielmente posible la experiencia de la oficina presencial. En segundo lugar, un repentino aumento de la demanda de herramientas de colaboración virtual puso a prueba la resistencia de la infraestructura digital en todo el mundo. A finales de marzo de 2020, sectores enteros se vieron obligados a avanzar más rápidamente hacia el trabajo a distancia que nunca. Según el Pew Research Center, alrededor del 71% de los adultos empleados solo en Estados Unidos trabajaban desde casa todo o la mayor parte del tiempo en diciembre de 2020, un salto enorme con respecto a los niveles anteriores a la pandemia, cuando el trabajo a distancia seguía siendo la excepción y no la regla.
El rápido aumento del trabajo a distancia
Un aumento sin precedentes
Antes de la pandemia, el trabajo a distancia se consideraba a menudo una ventaja para unos pocos elegidos en puestos tecnológicos, de consultoría o autónomos. El concepto de «nómadas digitales» era intrigante, pero minoritario. A medida que se propagaba la COVID‑19, se aceleró la normalización del trabajo a distancia en casi todo tipo de organizaciones, desde empresas tecnológicas de nueva creación hasta bufetes de abogados tradicionales y grandes corporaciones multinacionales.
Uno de los primeros y más reveladores signos de este cambio fue el crecimiento explosivo de las plataformas de videoconferencia. Zoom, por ejemplo, pasó de una media de 10 millones de participantes diarios en reuniones en diciembre de 2019 a más de 300 millones en abril de 2020. Microsoft Teams siguió una trayectoria similar, pasando de 20 millones de usuarios activos diarios a finales de 2019 a 44 millones en marzo de 2020. El abrupto aumento del uso no solo validó la viabilidad de la comunicación remota, sino que también subrayó la necesidad de contar con una infraestructura digital sólida para apoyar la colaboración virtual a gran escala.
Las empresas que ya habían empezado a adoptar las reuniones virtuales prosperaron, como Live & Breathe, una agencia de diseño del Reino Unido. La pandemia les demostró que el trabajo a distancia podía implantarse en toda la organización.
«Las ventajas de utilizar el sistema Wildix son enormes», señala Darren Mallett, director de TI. «Te permite trabajar a distancia sin problemas, ya sea con tu portátil, tu ordenador de sobremesa desde casa o tu dispositivo móvil. Nuestros usuarios pueden trabajar en la oficina a distancia, y cuando digo a distancia, podría ser en cualquier parte del mundo. No importa si están al otro lado de la calle o si están trabajando en el extranjero».
El rompecabezas de la productividad
Sin embargo, el trabajo a distancia se recibió inicialmente con escepticismo en algunos sectores. ¿Seguirían siendo productivos los empleados fuera del entorno estructurado de la oficina? Con el tiempo, las investigaciones demostraron que la productividad, en muchos casos, no disminuía, y en ciertos campos, incluso aumentaba. Una encuesta realizada por FlexJobs en 2021 reveló que el 58% de los encuestados deseaba un trabajo totalmente a distancia después de la pandemia, y muchos mencionaron una mejor concentración y un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal. Esta cifra aumentó hasta el 65% en 2024. Tanto las empresas como los empleados aprendieron que el rendimiento podía ser igual de alto, si no mayor, cuando se trabajaba desde casa, siempre que se contara con la combinación adecuada de herramientas de comunicación, plataformas de gestión de proyectos y conexiones a Internet fiables.
Cambios permanentes
A medida que el trabajo a distancia se convirtió en la nueva norma, las empresas y los analistas comenzaron a especular sobre las implicaciones a largo plazo. En una primera encuesta de Gartner a directores financieros de 2020, el 74% de los encuestados dijo que tenía la intención de trasladar a parte de su plantilla a puestos remotos permanentes. Los empleados también empezaron a expresar sus preferencias, y muchos trabajadores disfrutaron de la nueva flexibilidad, la reducción de los costes de desplazamiento y una mejor integración de la vida personal y profesional. Para las organizaciones, la reducción de personal o la reutilización del espacio de oficinas se convirtió en una atractiva medida de ahorro de costes.
El renacimiento de la tecnología
Las herramientas de colaboración en primera línea
La pandemia mundial no solo cambió la forma de trabajar de las personas, sino que alteró drásticamente el panorama tecnológico que sustentaba este cambio. Las videoconferencias, que antes se reservaban para reuniones virtuales ocasionales, pasaron a formar parte de la rutina diaria. Las plataformas especializadas en el intercambio de archivos, la gestión de proyectos y la edición en tiempo real se generalizaron.
En el centro de este renacimiento tecnológico se encontraban plataformas, como Wildix, que ofrecen soluciones de comunicación totalmente integradas que combinan funciones de voz, vídeo, chat y colaboración. Las empresas descubrieron las ventajas de las comunicaciones unificadas: una única plataforma optimizada podía gestionar múltiples modos de comunicación, reduciendo el caos que a menudo surge al hacer malabarismos con herramientas dispares. Estas soluciones de comunicaciones unificadas permitían a los equipos remotos realizar una transición fluida entre llamadas telefónicas, videoconferencias, chats grupales e intercambio de documentos dentro de un mismo ecosistema, lo que ayudaba a preservar la sinergia que a menudo se perdía en un entorno de herramientas fragmentado.
Seguridad y escalabilidad
Con el aumento del trabajo a distancia surgió otro desafío: la ciberseguridad. De repente, millones de empleados se conectaban a las redes corporativas desde el Wi-Fi doméstico, a veces utilizando dispositivos personales. Los hackers explotaron rápidamente nuevas vulnerabilidades, como el zoombombing, en el que encontraban reuniones de Zoom no seguras y las interrumpían. Esto obligó a las organizaciones a reforzar sus protocolos de seguridad, adoptando el cifrado de extremo a extremo, las redes privadas virtuales y los modelos de seguridad de confianza cero.
Al mismo tiempo, las plataformas que proporcionan comunicación y colaboración tuvieron que demostrar una escalabilidad masiva. Tanto las pequeñas empresas como las compañías de la lista Fortune 500 exigían soluciones fiables y de alto rendimiento. Los centros de datos se ampliaron, los proveedores de nube aumentaron su capacidad y los proveedores de servicios de Internet se apresuraron a actualizar sus redes. Este impulso no solo sirvió para satisfacer las necesidades inmediatas relacionadas con la pandemia, sino que también sentó las bases para unas infraestructuras digitales más resistentes y preparadas para el futuro.
La nube como piedra angular
La computación en la nube surgió como base para el trabajo a distancia. Las empresas que ya habían hecho la transición a aplicaciones y servicios basados en la nube se encontraron en una mejor posición para manejar el repentino giro hacia el trabajo desde casa. Las que no habían adoptado la nube pronto se dieron cuenta de que necesitaban migrar cargas de trabajo críticas al entorno de la nube para garantizar la continuidad del negocio. Al trasladar el software de misión crítica a plataformas accesibles a través de Internet, las organizaciones minimizaron las interrupciones y ganaron flexibilidad para ampliar o reducir su capacidad a medida que cambiaban las circunstancias.
Esta falta de adopción obligó a empresas como Raytec en el Reino Unido a buscar rápidamente alternativas a su sistema telefónico tradicional:
«Durante la primera ola, conseguimos que nuestros empleados trabajaran desde casa, pero básicamente solo a través de sus teléfonos móviles. […] Eso no fue muy profesional», dijo Mark Gibson, ingeniero de redes y soporte técnico de Raytec. «[Con Wildix], ahora podemos proporcionar a nuestros empleados un sistema de comunicaciones empresariales estable y fiable que les permite trabajar desde casa sin necesidad de desplazarse».
El elemento humano: equilibrio entre la vida laboral y personal e inclusión
Salud mental y bienestar
Si bien las innovaciones tecnológicas hicieron posible el trabajo a distancia, el elemento humano siguió siendo una pieza crucial del rompecabezas. Los límites entre la vida personal y la profesional se difuminaron a medida que las habitaciones libres, las mesas de la cocina o incluso los rincones de las salas de estar se convirtieron de facto en oficinas. Para muchos, estas líneas desaparecieron por completo, creando nuevas formas de estrés y ansiedad. El aislamiento de los compañeros de trabajo pasó factura, lo que obligó a los directivos a desarrollar estilos de liderazgo adecuados para el trabajo a distancia que hicieran hincapié en la empatía, la comunicación clara y el apoyo emocional.
Las organizaciones respondieron ofreciendo horarios flexibles, recursos de salud mental y actividades virtuales de formación de equipos. Estos esfuerzos resultaron vitales, ya que una encuesta de Deloitte de 2022 señaló un aumento significativo de empleados remotos que experimentan agotamiento.
Mayor inclusión en el lugar de trabajo
El trabajo a distancia también provocó una conversación más amplia sobre la inclusión y la accesibilidad. El trabajo desde casa abrió oportunidades laborales para personas a las que les resultaba difícil desplazarse regularmente al trabajo, ya sea por discapacidad, limitaciones geográficas o responsabilidades familiares. A medida que los responsables de contratación se fueron sintiendo más cómodos con los procesos de contratación a distancia, la reserva de talentos se amplió más allá de los límites de una sola ciudad o región.
No es exagerado decir que esta transición ha catalizado una nueva era de oportunidades democratizadas. Las empresas se benefician de una mayor diversidad de puntos de vista y experiencias, mientras que los trabajadores adquieren la capacidad de solicitar puestos que antes estaban fuera de su alcance. Esta democratización tiene el potencial de remodelar la demografía de la fuerza laboral mucho después de que la pandemia pase a la historia.
Más allá de la pandemia: el nuevo panorama laboral
El trabajo híbrido ocupa un lugar central
Mientras que algunas empresas han adoptado plenamente las modalidades permanentes de teletrabajo, muchas han optado por un modelo híbrido, que permite a los empleados repartir su tiempo entre el hogar y la oficina. Este enfoque tiene por objeto equilibrar la flexibilidad con las ventajas de la colaboración presencial. En un estudio posterior a la pandemia, la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos Bureau of Labor Statistics descubrió que, a partir de mayo de 2020, el 35,4% de los empleados teletrabajaban debido a la pandemia. Las cifras fluctuaron en los meses siguientes, pero la posibilidad de trabajar a distancia al menos parte de la semana siguió siendo un elemento básico para muchos.
Los modelos de trabajo híbridos plantean nuevos retos, como garantizar una participación equitativa en las reuniones, mantener la cultura corporativa y abordar las complejidades tecnológicas de apoyar tanto a los empleados presenciales como a los virtuales. Sin embargo, también ofrecen ventajas significativas: menores costes inmobiliarios, reducción del tiempo de desplazamiento y de las emisiones de carbono, y la posibilidad de que los empleados adapten sus horarios de trabajo a sus obligaciones personales.
Tanto gigantes tecnológicos como startups
Puede que las empresas tecnológicas hayan sido las primeras en adoptar el trabajo a distancia a gran escala, pero la pandemia ha hecho que casi todos los sectores tengan que seguir su ejemplo. Desde las startups hasta las grandes empresas, todas han recurrido a estrategias de transformación digital no solo como ventaja competitiva, sino como cuestión de supervivencia. De cara al futuro, las empresas que se resistieron a estas tendencias se han visto obligadas a reconsiderar su postura, a pesar de que empresas destacadas y la actual administración estadounidense intentan contrarrestar esta tendencia. El futuro pertenece a las organizaciones flexibles potenciadas por la tecnología y preparadas para pivotar rápidamente en respuesta a las perturbaciones externas, ya sean estas crisis de salud pública, desastres naturales o cambios en el comportamiento de los consumidores.
La mejora continua de las competencias digitales
El rápido giro hacia el trabajo a distancia creó una enorme necesidad de mejorar las habilidades digitales. Los empleados tuvieron que aprender nuevos programas de colaboración, métodos de resolución de problemas y procesos de flujo de trabajo a distancia en cuestión de semanas, si no de días. Esta tendencia continúa, ya que las funciones en las finanzas, la sanidad, la educación y otros sectores están cada vez más entrelazadas con las herramientas digitales. La pandemia convirtió efectivamente la alfabetización digital en un requisito laboral fundamental, acelerando el impulso de programas de formación continua de la fuerza laboral y de desarrollo profesional.
COVID‑19: un legado duradero
El anuncio de la OMS el 11 de marzo de 2020 marcó el inicio de una crisis mundial que trastocó vidas e industrias. Sin embargo, del caos surgió una transformación en nuestra forma de pensar sobre el trabajo. La colaboración a distancia, que antes era una opción auxiliar, se volvió esencial. Las empresas y los empleados descubrieron nuevas formas de mantener la productividad, permanecer conectados y apoyarse mutuamente en tiempos difíciles. Proveedores de tecnología como Wildix se pusieron manos a la obra para ofrecer soluciones integradas de videoconferencia, llamadas de voz, mensajería y colaboración segura, demostrando que el futuro del trabajo podría ser más flexible, inclusivo y dinámico de lo que se había imaginado.
Al conmemorar la fecha en que se declaró la pandemia, también reconocemos la notable capacidad de recuperación e innovación que impulsó. El experimento forzado del trabajo a distancia hizo añicos las suposiciones arraigadas sobre la productividad en la oficina y aceleró la transformación digital en años, si no décadas. Aunque la crisis inmediata de la pandemia puede estar disminuyendo, su huella en el lugar de trabajo perdurará. Las líneas entre el hogar y la oficina están siempre borrosas, y un futuro híbrido parece casi seguro. Al adaptarnos a un mundo que cambia rápidamente, hemos descubierto que con la tecnología, la mentalidad y el liderazgo adecuados, el trabajo puede redefinirse para servir mejor a los empleados, a los empleadores y a la sociedad en general.
Por lo tanto, el legado de la pandemia no es solo de dificultades, sino de revolución. Millones de personas que antes estaban confinadas a entornos de oficina tradicionales ahora se ven a sí mismas como independientes de la ubicación. Las organizaciones que tardaron en adoptar las herramientas digitales se han dado cuenta de la importancia crítica de las estrategias ágiles y las infraestructuras basadas en la nube. Y la colaboración global ha adquirido un nuevo significado, ya que equipos de diferentes ciudades, países y continentes se comunican a diario con facilidad. En muchos sentidos, el 11 de marzo de 2020 sirvió de catalizador para un profundo cambio social, que seguirá remodelando el panorama laboral en los próximos años.
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