
Un huésped envía un mensaje a recepción desde su móvil a las 23:47. Necesita toallas adicionales. El mensaje llega a una bandeja de entrada compartida que nadie está supervisando. A la mañana siguiente, el huésped ha escrito una reseña de dos estrellas en Booking.com, no porque la habitación fuera mala, sino porque nadie respondió.
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